El 28 de agosto se rememora la cogida que sufrió en 1947 el diestro Manuel Rodríguez “Manolete” en la plaza de toros de Santa Margarita, en la ciudad de Linares (Jaén, España).
El cartel estaba compuesto por Gitanillo de Triana, Manolete y Dominguín, en ese orden.
El jueves 28 de agosto de 1947, Manolete, vestido de malva y plata, al ejecutar la Suerte Suprema del quinto de la tarde, Islero, de casi 500 kilos, un toro cárdeno oscuro, entrepelado, astigordo, cornicorto y bragado, de la ganadería de D. Eduardo Miura, sufrió una grave cogida. El asta de Islero hizo una herida de más de veinte centímetros de largo y penetró en la región inguinal rompiendo venas y arterias. Esta herida, que había sido grave pero no mortal pero que le hizo perder mucha sangre, fue atendida por el doctor de la enfermería de la plaza, Fernando Garrido, quien operó y dispuso que se le practicaran las transfusiones de sangre necesarias, cosa que empezó a hacerse. A las pocas horas el torero se recuperó, habló, se fumó un cigarro y hasta preguntó cómo había ido la corrida, aunque seguía débil. Fue entonces cuando llegó a toda prisa de Madrid el doctor Giménez Guinea, en quien Manolete tenía mucha confianza, y ordenó que se suspendieran las transfusiones y que se le aplicara un suero intravenoso importado de Noruega. A los pocos segundos de entrar el plasma en la sangre del torero, apareció la muerte.
Posteriores investigaciones llegaron a la conclusión de que se trataba de un plasma que se había usado con relativo éxito durante la segunda guerra mundial, pero que en 1947 ya se encontraba pasado habiendo causado no solamente la muerte de Manolete sino también las de otras personas que recibieron dicho producto.
Está claro y reconocido por tanto que no fue Islero quien mató a Manolete, como ha trascendido en la historia durante muchos años, sino el mencionado plasma.
En el mundo taurino hay quienes responsabilizan de alguna forma, y de modo figurativo, a Dominguín de la muerte del diestro cordobés.
Manolete, era la figura consagrada del momento, y muy cercano a los círculos del poder político de entonces; y el joven Luis Miguel Dominguín, era la estrella emergente que había llegado a los ruedos como un ciclón y con tanta soberbia como buen toreo, y que se impuso a pesar de causar recelo entre los mencionados círculos por sus continuos y reconocidos romances y devaneos no del gusto de la clase retrógrada dirigente. Se dice que fue esta rivalidad y la presión que sentía Manolete ante el riesgo de ser desbancado de su sitio y de los privilegios que ello le traía lo que hizo que Manolete sintiera la necesidad de triunfar en ese su quinto de la tarde arriesgando demasiado en cada una de las suertes.
Crónica de la cogida:
“Los alternantes de "Manolete" en la corrida del 28 de agosto de 1947, Rafael Vega de los Reyes "Gitanillo de Triana" y Luis Miguel González Lucas "Dominguín", habían cortado una oreja cada uno. "Manolete" es abroncado por el público cuando sale a enfrentarse a "Islero", quinto de la tarde, después de una actuación poco convincente en su primero. Después de una faena a la altura de su reputación, "Manolete" entra a matar muy despacio, con la muleta a la cintura, y el toro le mete el pitón derecho en el muslo. El torero se desangra.
Las asistencias levantan a "Manolete" y equivocan el camino a la enfermería, llevándolo en dirección al patio de caballos. El torero herido llega a la enfermería siete minutos después de la cornada. El parte del médico de la plaza, Fernando Garrido Arboledas, declara a "Manolete" víctima de una "herida de asta de toro situada en el Triángulo de Scarpa, de 20 centímetros de longitud de abajo a arriba y de dentro a fuera... con rotura de la vena safena y contorneando el paquete muscular nervioso de la arteria femoral". El torero declara que no siente la pierna mientras se fuma un cigarro. A las 23:00 horas es trasladado al hospital de Linares.
El médico Las Ventas, Luis Giménez Guinea llega procedente de Madrid y autoriza la transfusión de un suero de plasma desecado con la intención de que el torero regenerara sangre.
A las 5:07 horas del 29 de agosto, "Manolete" pronuncia sus últimas palabras ante Giménez Guinea:
- "¡Qué disgusto le voy a dar a mi madre!"
- "¡Don Luis, que no veo, no veo nada!"
“